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Suicidio

                                                                                                                                              SUICIDIO.

 

"Los muertos estàn con nosotros. Nuestros muertos nos habitan, nos guian, nos protegen, nos abren los caminos..."

En esta semana que pasò se suicidaron tres personas ....el primero, el  esposo de una paciente  ,  el segundo , una chica encantadora que fuè mi paciente hace años y que he tenido hoy todo el dìa en el recuerdo... y el  tercero, el suegro de otro paciente.  Fuera de estos casos que desgarran el alma, tengo en mi consulta muchos familiares de suicidas que acuden buscando ayuda para poder entender... para poder continuar.

Frente al suicidio siempre suelo decir lo mismo. Solo hay dos posibilidades. Aceptar la decisión del  suicida , elaborarla, metabolizarla, poder perdonarlo, poder llenarlo de amor y preservar los recuerdos bonitos que vivimos con la persona. Integración y   vida.  La otra via, la de la tragedia , el rencor, el dolor infinito con dudas y cuestionamientos, la amargura y la no comprensión, la no empatía, el no acercamiento, la fractura. Cada cual decidirá, con su libre albedrío cuál de los dos caminos recorrer.

No es fácil. Lo sè. He tenido suicidas en mi familia. No cercanos. Pero los ha habido. Entiendo la impotencia, el dolor lacerante, la incertidumbre de lo que la persona pensó, de lo que la persona sufrió en los últimos momentos, de las causas. La culpa por no haber hecho nada, por no haber podido prevenir, por no haber intuido, por no haber estado ahí.  Unido a lo anterior se presentan los sentimientos lógicos de resentimiento contra el suicida. Por què no pensò en mi? Por qué no pensò en sus hijos? Por què nos abandonó? Por qué fuè tan egoísta?

Para mì, la ùnica manera de elaborar un suicidio es con el amor.  Solo el amor nos dà la sabidurìa para no juzgar. Para no condenar.

El ser humano que decide suicidarse, en general se encuentra en un estado profundo y absoluto de desesperación, que puede haberlo acompañado soterradamente desde su infancia , puede haberse gestado con el transcurrir de la existencia o puede corresponder a un único momento de desgarro. Un estado donde es imposible pensar, analizar, computar posibilidades, ver salidas. Solo hay un vacío total donde la única respuesta es la nada. Donde el dolor psíquico es tan desgarrador, tan total e insoportable que la ùnica salida.. la ùnica.. es la muerte.  Por eso es imposible prevenir un suicidio. Por eso no vale la pena desgastarse pensando en que un tratamiento hubiera podido ayudarlo o en que se hubiera podido evitar. El acto suicida es un acto absoluto que parte del centro mismo del individuo , que compendia todos sus estamentos, que posiblemente ha estado fraguándose desde el principio de los tiempos. No es un acto mediado por la razón en la medida en que no existe un razonamiento capaz de neutralizar la angustia extrema. Y eso debe ser comprendido para poder continuar. Para poder perdonar. 

El suicida siente, en esos momentos o dias previos al suicidio que es la ùnica salida. Su emociòn y su razòn se encuentran en un estado máximo de agobio y de dolor que ninguno de nosotros puede comprender ni entender. El dolor psíquico es el peor de todos los dolores porque no tiene paliativos ni sedantes. Puede llegar a ser total y a sumir a un ser humano en la sensaciòn absoluta de impotencia y de desesperación. Así. Sin atenuantes. 

La persona que decide morir ama profundamente a los que ama pero el dolor emocional y la angustia son tan insoportables que no pueden continuar viviendo. No pueden. Punto. Se van amando a sus seres amados... y algunos tambièn se van muy furiosos contra una parte del mundo por quien se sintieron descalificados, exigidos, rechazados o maltratados. El caos interior en la mente, en el alma y en todo el ser de un suicida se asemeja a los huracanes màs profundos del apocalipsis... a una tormenta donde se pierde el horizonte.. en alta mar.

Independientemente de los factores de tipo psiquiàtrico ( depresiones severas, transtornos de personalidad, psicosis, etc) o de tipo  mèdico (enfermedades terminales o incapacitantes) o de tipo emocional ( rupturas afectivas,  conflictos familiares, temor de desilusionar a figuras parentales o familiares  sobre-exigentes  o descalificadoras ) o de tipo material ( quiebras econòmicas,  pèrdida de empleo, carencia de posibilidades econòmicas, problemas laborales ), lo màs importante es tratar  ( no es fàcil)  de no juzgar al suicida. 

No somos nadie para juzgar. Nadie para preguntar. Nadie para emitir veredictos o para rechazar. Independientemente de las causas subyacentes o de las no causas conocidas relacionadas, nuestra ùnica responsabilidad es tratar de tener un sentimiento infinito de compasiòn por la persona que muriò y por su familia. Y esa compasiòn solo sirve dentro de un àmbito de respeto absoluto, de silencio, de callada compañia, de suave empatìa. No preguntas. No dudas. No cuestionamientos. No hipòtesis. Nada que pueda alterar aùn mas a los familiares que ahora se ven abocados a un duelo dificil de elaborar. A uno de los màs difìciles.

Espiritualmente yo soy una convencida que el Dios en el que yo creo, un Dios amoroso y benigno, entiende y perdona cualquier acciòn ocasionada por el dolor y la desesperaciòn.  Estoy segura que los suicidas estàn en este momento abrazados a su Dios, recostados en su regazo, en paz. En ausencia de dolor. Seguramente, si la re- encarnaciòn existe , tendràn que volver  a vivir y a aprender, a ser màs fuertes, a encontrar salidas,  a solucionar todo lo no resuelto. Y si la re-reencarnación no existe ( quièn puede saberlo)... pues descansarán, junto con todos nosotros, en un jardìn inmenso, lleno de flores y de mariposas. Estoy segura. 

La bondad del alma, la lucha coditiana por sobrevivir a las guerras psicológicas que nos han marcado, la historia que nos circunda, las batallas para seguir cada dìa... toda una vida.... eso es lo que,si hay un Dios, ese Dios mirarà. Es el camino completo, no su final, lo que nos redime .  Son los pasos dificultosamente  tropezados o remontados los que darán un significado a nuestro humilde pasar por este planeta. 

Hay seres humanos fuertes que miran con repugnancia o desprecio a un suicida. Hay seres humanos con infancias felices, con padres amorosos y suaves y contenedores , con vidas llanas y sin sobresaltos, seres  en fin, que nunca han pasado por la noche oscura del alma. Esos seres  tambièn puedes despreciar el dolor que no conocen. Hay personas que carecen, por su historia o por su caracter, de esa sensibilidad especial y màgica que se llama Empatìa. Y la empatìa es lo que a nosotros,  algunos sobrevivientes cotidianos del caos interior, nos permite entender... o por lo menos tratar de entender  cualquier acto humano producto del dolor o de la desesperaciòn. 

Entender y amar. A pesar de todo. 

Por encima de todo. 

Los muertos estàn con nosotros. Nuestros muertos nos habitan, nos guian, nos protegen, nos abren caminos. Nuestros muertos nos abrazan amorosamente. Se encuentran  en un nivel al que algùn dìa todos accederemos. Un nivel suave, dulce, apacible y de luz. En ese nivel nuestros muertos nos han perdonado, nos han entendido, nos aman sin reservas. Viven sin reservas. Sin esas reservas , marismas y espacios negros pantanosos que solo corresponden a la tierra. La luz està en ellos.

Asì sea.