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El monstruo que llevamos dentro

FRANKENSTEIN o el monstruo que todos llevamos dentro.

 

Leyendo la novela de William Ospina, El año del verano que nunca llegó, es inevitable interesarse por Mary Shelley, la autora de Frankenstein y las circunstancias donde “el monstruo” dio a luz. En 1816 varios amigos se reunieron en Villa Diodati, en Suiza, a orillas del Lago de Ginebra, invitados por Lord Byron quien habitualmente tomaba allí sus vacaciones de verano. Como ese año el verano nunca llegó a consecuencia de la erupción del volcán Tambora en Indonesia que provocó cambios climáticos a nivel mundial , los amigos estuvieron recluidos en la Villa recordando antiguas leyendas góticas alemanas y haciendo literatura. Uno de los juegos propuestos consistía en realizar un relato de terror. De estos relatos surgió Frankenstein , escrito por Mary Shelley, amante y posteriormente esposa del poeta Percy Shelley, y surgió El Vampiro, escrito por Jhon Polidori, el joven médico personal de Lord Byron.

Es interesante ver, como de un juego entre amigos, se desprende todo un género de literatura terrorífica , que en realidad tiene mucho más que ver con las pasiones, los conflictos ,los rasgos de personalidad y el desgarro emocional de sus autores. El vampiro, que antecedió a la aparición del Conde Dracula, es un relato elemental en su estructura narrativa, que se limita a describir las aventuras de un noble libertino y cruel... Lord Byron. En El Vampiro, Polidori, expresa casi explícitamente, el pavor, la atracción y el dolor que le causó su relación con el poeta , creando como personaje un vampiro cruel, frío, magnético, aristócrata y bello.

Frankenstein, es una obra que pasa por encima del conflicto humano individual de amor y desamor, de bondad y de maldad que constituye el núcleo central del Vampiro. Jhon Polidori era solo un chico ( siempre fue un chico hasta su suicidio a los 26 años) sensible, con ganas de triunfar, fácilmente sugestionable, y muy maltratado a nivel emocional. A diferencia de esta, Frankenstein, producido por una mujer con el bagaje genético de Mary Shelley ( hija de Mary Wollstonecraft y William Godwin, filósofos y pensadores ) es una obra densa, universal, que nos replantea la pregunta filosófica de si el hombre nace malo o se vuelve malo.

En mi concepto la obra expresa las profundas escisiones ideológicas, teológicas y epistemológicas de la época y de la historia de la autora. Mary Shelley, inmersa en la moral victoriana, hija de un padre de ideas liberales y de una madre pionera del feminismo que muere en el parto, se debate entre el “deber” católico de mostrar como la perfección en la creación solo puede ser realizada por Dios, mientras el hombre crea es un monstruo cuando se atreve a intentar emular la creación divina, y el mensaje (más oculto, más implícito, mas enmascarado) que nos confronta con la certeza que es, precisamente de la creación divina ,de donde salen los monstruos verdaderos: los seres humanos (comenzando por el padre creador Victor Frankenstein que abandona y rechaza a su creación) ,que hostigan sin piedad y acaban con la “humanidad” bondadosa del monstruo creado por el hombre .

Mary Shelley al finalizar la lectura de su obra, nos deja con la idea, de que los seres, creados o no por un dios, son buenos hasta que la maldad del mundo los endurece, los llena de resentimiento,de odio y de frustración. Paso a paso, a lo largo del libro, vamos asistiendo inermes e impotentes a la transformación de un personaje tremendamente humano, a pesar del abandono por parte de su creador , de su apariencia y de su origen, en un monstruo amargado y vengativo que camina hacia la destrucción.

Podemos ver una Mary Shelley quien carga con la culpa de la muerte de su madre en el momento de su nacimiento, con el amor incestuoso que siente o que percibe de su padre ( como sugiere la novela autobiográfica Mathilda), con el abandono de su padre impotente ante la crianza ( como el abandónico Victor Frankenstein), con la muerte de todos sus hijos y del hombre amado. Una vida marcada por la tragedia, un ser que seguramente se sentía el experimento poco exitoso de un padre idealizado omnipotente, un mujer causante de la muerte de todos aquellos a quienes amaba.

Y así como es muy díficil redimir al hermoso y glamuroso vampiro de Polidori, es muy fácil redimir al monstruoso Frankenstein de Shelley, lo cual nos corrobora, una vez más que un ser solo es definido por sus acciones y que en el fondo de cada uno de nosotros habitan monstruos y ángeles, que se manifiestan como reacción a lo que somos caracterialmente y a lo que recibimos de nuestro entorno.