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Como saber si es la pareja adecuada

 

                                                                                                              CÓMO SABER SI NUESTRA PAREJA ES ADECUADA?

Tal vez esta es la pregunta que más tengo que contestar en mi consultorio. Y la respuesta es muy sencilla. Imaginemos que la relación funcional de pareja es una mesa de tres patas donde no puede fallar ninguna de las tres. Estas tres bases, indispensables para el funcionamiento básico de cualquier relación de pareja son:

1.     El AMOR Y SUS MANIFESTACIONES

Es indispensable que haya sentimientos amorosos hacia nuestra pareja y también es necesario que seamos capaces de expresar dichos sentimientos de una manera adecuada. Amar y no demostrar es igual que nada. El sentirse amado no es igual al saberse amado. El saberse amado, al igual que cualquier otra construcción teórica y no vivencial no aporta el suficiente sostén afectivo a nuestra vida. Yo puedo saber que mi pareja me ama, pero si no me lo demuestra no puedo ser feliz y voy a tener una carencia importante en el soporte emocional indispensable para vivir plenamente. El sentirse amado construye, reconforta, acompaña y calma. Un beso, un abrazo, una arruchadita en las noches puede ser la más eficaz de las terapias.

El amor sólo no sirve. Debemos expresarlo, una y otra vez, a lo largo de los días y de los años. Debemos intuir o aprender esas demostraciones sutiles de afecto que necesita cada ser humano. El refuerzo positivo permanente, el saber cada día, que somos valiosos para alguien, que nuestros esfuerzos cotidianos son reconocidos y apreciados, que existimos a nivel físico, erótico, emocional, intelectual y afectivo para ese ser que amamos es algo totalmente necesario para cualquier persona. Llegar a la casa con unas flores, unas manzanas, un chocolate, una galleta, o simplemente con una sonrisa puede ser el mejor de los detalles.

Es simplemente el mensaje claro, que hace saber a ese otro que amamos, que pensamos en él durante un instante, durante el tiempo suficiente para detenernos, y comprar eso que lo va a hacer feliz.

Tal vez el manifestar el amor radica en pensar en el otro pero de una manera efectiva y no sólo afectiva. Cuando yo pienso realmente en el otro, yo intento pensar y actuar de una manera especial, o más bien, de la manera que haga feliz al ser amado. Así podemos evitar palabras dolorosas ( por no haberlas pensado antes) y acciones dolorosas( por no haberlas pensado antes); así vamos a ir acostumbrándonos a que el amor implica un constante pensar en el otro para no hacerlo sufrir, para no dañarlo.

El amor que no cuida no es amor. El amor que no protege no es amor. El amor que daña NO es amor. El amor verdadero implica el despojarnos de nuestra individualidad en la medida en que hay otro que debe influir en nuestras decisiones y en nuestros actos. No podemos ser egoístas en el amor. El límite está en el punto exacto donde comenzamos a dañar al otro. Por eso el argumento de “yo soy así” no sirve. Si ese “yo soy así y no puedo cambiar”

implica sufrimiento a otro ser humano es mejor que no estemos juntos. Si tu pareja te hace sufrir recurrentemente, si tu pareja te critica permanentemente, si tu pareja te culpabiliza por todo, si tu pareja no te ayuda a ser cada día un poco más feliz y a estar más tranquilo… tu pareja no te sirve.

Por eso insisto…no basta el amor. No podemos seguir creyéndonos el cuento de “tú sabes que yo te quiero, lo que pasa es que no puedo cambiar”. No podemos seguir contentándonos con una teoría por la simple razón que el inconsciente o el alma o como queramos llamarlo no entiende de teorías. El inconsciente, al igual que el corazón, solo entiende de hechos y de acciones de amor.

2.     LA QUIMICA SEXUAL

Una sexualidad gratificante para las dos partes es base imprescindible para cualquier relación de pareja. Para que la sexualidad sea adecuada se requiere que haya deseo de las dos partes, que esas mariposas que nos impiden respirar cuando estamos cerca de nuestra pareja se renueven cada día dentro del juego maravilloso de lo erótico.

El dormir desnudos, abrazados, el sentir el dulce peso de la pierna del ser amado sobre la nuestra, el besar su hombro, el sentir su olor, su piel, su cuerpo tibio a nuestro lado es un regalo al cual todos podemos acceder.

Obviamente no podemos separar la sexualidad del afecto y de la cotidianidad. Es totalmente imposible que una mujer se excite si durante el día se ha sentido criticada, rechazada o no amada por su pareja. En el hombre el deseo es más fisiológico, pero no por ello, menos sensible a una buena conversación ,al juego, a la risa, al abrazo. El DESEO , que es el primer factor que debemos evaluar en nuestra relación sexual es caprichoso e impredecible.

Podemos asegurarnos de tener las variables que están bajo nuestro control, como por ejemplo, que nuestra pareja sepa que la amamos, asegurarnos de día a día tratar de que sea feliz, de que se sienta bien, segura, valorada y amada, ayudar en que el ambiente sea el adecuado y que nosotros mismos seamos un presente de amor para nuestras parejas ( el olor, el sabor, el cuidado de nuestro cuerpo, etc)….pero…. todo esto puede no ser suficiente.

El deseo proviene de lo más profundo de nuestro inconsciente, es un instinto básico y por lo tanto no puede ser alterado o transformado en su esencia. Si yo dejo de sentir deseo sexual por mi pareja a pesar de que todos los demás factores sean adecuados no hay nada que hacer. No existe un tratamiento, medicamento, pócima, loción o conjuro que haga que un ser humano desee a otro por el cual no siente o ha dejado de sentir química. Y eso es irrevocable.

Es cierto que podemos obligarnos, incluso durante años, a mantener relaciones con alguien a quien amamos pero no deseamos. Pero, yo les puedo asegurar, que esa relación de pareja no es plena ni podrá serlo nunca. Es inútil tratar de disfrazar el deseo. Es absurdo y nocivo hacer el amor con alguien a quien no deseamos , y es todavía peor hacerlo con alguien que no nos desea.

El sexo, cuando hay una compenetración completa del cuerpo y el alma es algo sublime. La más delirante de las experiencias religiosas no puede compararse ( o tal vez si) a la sensación total de infinito que nos da el estar literamente dándole la bienvenida a ese otro que se vuelve “yo” que se vuelve “nosotros”, que se vuelve un todo, o en el caso de los hombres, el sentirse dentro del cuerpo tocando el alma de la mujer amada.

Una vez se ha tenido esa experiencia real y sublime del amor físico y sexual dentro de una relación amorosa es casi imposible transarse por algo diferente. Y no es solo la sensación física del orgasmo, de la eyaculación; es la certeza vívida de plenitud cósmica, la realidad de la presencia de un alma y de un cuerpo unidos por el puente energético de la materia , donde la materia se convierte en energía, donde comprendemos, en un instante, que el amor físico es parte y todo del amor, tan solo y sobre todo del amor.

Y en el sexo todo está permitido. En la medida en la que los dos participantes de la relación sexual sienten satisfacción todo está permitido. Por eso la compatibilidad sexual también es indispensable. Si lo que le gusta al uno hace infeliz al otro, si lo que desea el uno produce rechazo o aversión en el otro, si lo que quiere hacer uno, no lo quiere hacer el otro, no hay nada que hacer. Es en el hallazgo mágico de la compatibilidad sexual donde podemos encontrar a nuestra pareja. Y eso está comandado por fuerzas que no dependen de nuestro control ni de nuestra voluntad consciente.

Es como si a uno le gustan las trufas de chocolate y al otro le producen nauseas. No hay nada que hacer. El deseo, el sexo, el erotismo es un encuentro de dos instintos, de dos fantasías, de dos esencias que deben ser compatibles y complementarias.

3.     LA COMPATIBILIDAD EN LO COTIDIANO

El tercer y último punto que podemos evaluar para saber si nos encontramos frente a nuestra verdadera pareja es la compatibilidad en el vivir el día a día, en la capacidad de soñar, de proyectarnos, de nostalgiarnos y de re-encontrarnos en esta odisea que es la vida. Y aquí tampoco podemos negociar demasiado. Si lo que yo soy, lo que constituye mi esencia, mi manera de ser, mi personalidad, mi manera de vestir, de corregir, de enseñar, de quitarme el mechón de la frente, de caminar, de ponerme los zapatos en la mañana, de comer melón al desayuno, de salir temprano (o tarde) para el trabajo, de ahorrar o de gastar, de regalar o de guardar, de bailar salsa, de caminar a la orilla del mar, de limpiarme el sudor, de mirar a los ojos, de toser cuando tengo gripa, de reír, de hacer el amor, o de llorar, producen sentimientos de crítica o de rechazo en nuestra pareja, pues….. no es nuestra pareja. Si lo que yo soy no es aceptado, valorado y amado por mi pareja..pues creo que estamos equivocados.

En este punto , al igual que los dos anteriores, es irreductible. La compatibilidad es total y absolutamente necesaria para que se cumpla el principio que reza que la pareja debe ser un complemento para `hacer la vida un poco más fácil. Y no es que debamos tener exactamente los mismos gustos. No es que debamos ser exactamente iguales. No me refiero a eso. Estamos hablando de que, por diferentes que seamos, esas características que nos constituyen deben ser complementarias, o sea que deben encajar dentro del patrón inconsciente de gustos y de rasgos que nos definen. Porque si producen rechazo, si producen angustia o desaprobación permanente no vamos a poder vivir tranquilos.

Aunque me tilden de utópica, yo pienso que es importante que séa nuestra pareja quien nos acompañe en la vida. Con quien podamos ir a un cine y discutirlo, con quien podamos jugar hasta el amanecer, con quien podamos sentarnos, los dos , en silencio, a leer un libro o escuchar el paso del viento en la montaña. Con quien podamos tendernos a mirar las nubes en una mañana de enero o callar observando cómo la luna se asoma temblorosa en nuestra ventana. Una pareja ideal debe ser aquella con quien podamos vivir las deudas, el pago de los servicios, las vacaciones, la muerte del gato Perejil , la pérdida del trabajo, la caída de la bolsa o el cuidado de un hijo.Nuestra pareja, nuestra verdadera pareja, debe ser compañía y apoyo, amistad, juego y abrigo.

CONCLUSIONES:

El “estar” en pareja debe convertirse en un “ser” en pareja. Y todos sabemos que no es lo mismo el “ser” que el “estar”. Yo puedo “ser” en la medida que mi pareja respete mi individualidad pero que también la comparta, que no solo la observe, sino que la viva y sea partícipe de ella. Yo puedo “ser” feliz, cuando sé que mi pareja me ama, cuando me lo demuestra cada día, cuando nos encontramos felices en un café, en la reunión del colegio de nuestro hijo o en la cama; cuando podemos soñar juntos o simplemente acompañarnos para llorar. Cuando sé que hay un ser que me ama como yo soy y con quien puedo ser y actuar desde lo más profundo con la total convicción de ser aceptada y amada. Cuando no desaparecen las palabras, ni los besos, ni las cartas de amor, ni el amor. Puedo estar en pareja cuando amo, deseo,valoro, comparto y sé que soy amada, deseada,valorada y acompañada.