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Hacer el amor

 

                                                                                                                                              HACER EL AMOR

A diferencia de lo que piensan los hombres, los tres factores más importantes para una mujer después de hacer el amor por primera vez con un hombre son:

 

1. La posibilidad de combinar lo erótico con lo emotivo.

 

2. La ternura expresada al terminar.

 

3. La llamada, el mensaje o la actitud al día siguiente.

 

En fin de cuentas el hacer el amor, independiente del tamaño y la pericia mecánica, es más o menos lo mismo con todos los hombres; lo que realmente hace la diferencia es la intensidad de la comunión lograda en el momento erótico y la capacidad de cada hombre de hacer sentir especial a la mujer después de terminado el encuentro sexual.

 

Solamente en muy pocas ocasiones en la vida, algunas mujeres tenemos la fortuna de haber encontrado ese par absoluto, que materializó un encuentro sexual de esos donde no hubo ningún resquicio en el cuerpo o en el alma sin desbordar. Esos encuentros sexuales con un ser especial que contacta contigo en todas las instancias, es algo exótico y digno de atesorar entre los más preciados recuerdos de la vida.

 

Pero, digamos que el resto de la sexualidad, puede ser muy agradable desde otras instancias. No necesariamente debe haber un acto coital con estrellas y fuegos artificiales, si se presenta así es maravilloso, pero si no se presenta, hay otras características del acto sexual que son muy gratificantes y nos dejan felices a todas las mujeres.

 

En una relación sexual normal, buena y agradable, es muy difícil que las mujeres recordemos a un hombre porque nos hizo tener uno o veinte orgasmos en menos de tres horas…eso termina perdiéndose en el recuerdo. En cambio, la expresión enamorada de un rostro, el abrazo final, el suspiro, la sonrisa enamorada, las palabras de amor, el mensaje en la mañana, es , realmente, lo que constituyen la base misma del erotismo y la nostalgia.

 

Yo, personalmente, recuerdo a los hombres que he amado por la forma como me miraban al amanecer, por el abrazo infinito donde el amor no cabía, por los besos torrentosos de la despedida, por el llanto de la ausencia, por los poemas sentidos, por la piel que ama al mismo tiempo que toca, por la palabra, por el eco, por la canción…

 

En el siglo XXI, nosotras mujeres emancipadas e independientes, que disfrutamos a plenitud nuestro cuerpo y nuestro erotismo, necesitamos - aunque ustedes no lo crean – el afecto, el amor, la palabra cariñosa, la confirmación verbal y gestual de que somos queridas, valoradas y añoradas por nuestro hombre.

 

El ser novias, amantes, esposas o compañeras solamente puede transcribirse desde el código de los afectos; cualquier otra aproximación intelectual, económica, social o sexual será siempre un remedo tibio y desvaído de lo que es, en realidad, una relación gratificante de pareja.

 

La calificación para ser un buen o un mal amante comprende no solamente la capacidad de hacer gozar sexualmente a la pareja, sino también – y sobre todo- la capacidad de hacerla sentir plena afectivamente.

 

Cuándo comprenderán nuestro fuertes y exitosos hombres que de lo único que realmente pueden vanagloriarse con una mujer es del monto de afecto, de sensibilidad, de ternura y de apoyo emocional que son capaces de dar ?. El tamaño del pene, el número de veces, las posiciones, la duración de la erección, etc, son características que mejoran nuestro recuerdo de una pareja, pero no son –definitivamente- aquellas que nos hacen recordar a un hombre.

 

Qué recuerda una mujer de un hombre cuando han pasado meses, años o décadas de no verlo? ¿Qué es lo que queda de cada amante, de cada amor? ¿Qué es lo que hace que un hombre sea inolvidable?

 

Para mí, la respuesta está en los momentos mágicos vividos. Y siempre, siempre, siempre, esos momentos han sido momentos de amor, de ternura, de pasión impregnada de sentimiento. Esa noche cuando nos besamos incansablemente en la puerta de mi casa, la tarde arrunchados oyendo a Beethoven, el concierto de música barroca en la Candelaria, el baile en la cocina mientras me cantaba boleros al oído, esa tarde cuando tomamos chocolate con pan mientras la lluvia caía inclemente sobre subachoque ,la despedida de los domingos llorando cuando se iba para Armero, la laguna de tota entre sus brazos, las tardes haciendo vitrales en Tabio, el llanto profundo cuando sabíamos que no podíamos seguir juntos, la imposibilidad de decir adiós, las repetidas promesas de amor, el “te amaré toda la vida”, que no es verdad, que nunca lo será, pero que si, que puede serlo, que puede ser verdad en la medida que hoy, pasados tantos y tantos años los pienso, los añoro y vuelvo a sentir el corazón estrujado por el amor, ese sentimiento profundo, manso, claro, torrencial e indescriptible……..

 

Todo lo demás es secundario…!