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Por que vivimos

 

                                                                                                                                           POR QUÉ VIVIMOS?

 

Una mirada a la fraternidad.

El año pasado descubrí a Marc Augé . Comencé leyendo "Por qué vivimos?" y seguí con "el viajero subterráneo: un etnólogo en el metro”, “El tiempo en ruinas”, “Los no lugares” y "Travesía por los jardines de Luxemburgo". Marc Augé es profesor de antropología y etnología de la EHESS( Ecole des hautes Etudes en Sciences Sociales) y director de investigación del CNRS( Centre Nationale de Recherche Sociale) en Paris, pero a mi los títulos , por si solos, nunca me han impactado a ningún nivel. Lo que me gustó de Marc Augé, fueron sus textos introspectivos, sin bibliografía y sin ínfulas investigativas positivistas. A diferencia de los otros antropólogos que-someramente- había leído hasta entonces, casi todos evolucionistas o estructuralistas, los libros de Augé hablaban y tocaban todo el tiempo los sentidos y los sentimientos.

Los franceses siempre me han seducido. Los que conozco (en mis estudios de psiquiatría y de homeopatía) entraron, para mí, en el postmodernismo mucho antes de su advenimiento, ya que comenzaron a dilucidar el ¿Por qué? Y el ¿Para qué? Cuando aún hoy, otras escuelas, continúan contestando la pregunta ¨¿Cómo?, propia del modernismo del siglo XIX.

Nunca quise ser médica. Para mi cualquier tema ajeno al humanismo era perder el tiempo. Los siete años que tuve que pasar aprendiendo temas apasionantes como ¿De dónde a dónde iba el ligamento cruzado posterior? o ¿Por qué la proteína M no es crioprecipitable? , fueron los peores años de mi vida.. Jamás he podido estudiar nada que no me toque el alma o me produzca fascinación, por lo tanto aún no entiendo cómo me gradué. Fue en el contacto con los pacientes, sus historias de vida y los afectos engarzados con mis compañeros de carrera, donde encontré el agarradero suficiente para poder terminar.

El estudio de la medicina está basado en el método científico de medicina basada en la evidencia o el análisis experimental, que sigue el paradigma positivista que surge de la tradición Copérnico-galileana. “Este fue el paradigma dominante durante el siglo XIX, ya que desde el siglo XVIII se consideraba como el modelo de conocimiento a la física newtoniana.Se buscaban leyes, se controlaba el azar, se buscaba lo general y se omitía lo particular ; además se privilegiaban investigaciones que pudieran expresarse numéricamente y que tuvieran un fin capitalista” ya que casi todas estában patrocinadas por laboratorios farmaceúticos(David Alba. Profesor antropología U. Nacional. Una Mirada a la polémica entre los paradigmas positivista y hermeneútico-interpretativista) .

Yo tenía en mi sangre la de mi madre, poetisa y filósofa de la universidad de Buenos Aires y la de mi padre, militar y poeta. Los dos con unos matices desconcertantes y contradictorios. Mi papá odiado por la guerrilla por haber sido mano derecha de Rojas Pinilla pero también fundador de múltiples obras sociales y reformas carcelarias. Brujo y mago, como todos los hombres que he amado ( el Edipo no perdona). Con esa conjunción jamás hubiera podido apasionarme por algo diferente a la hermeneútica filosófica (paradigma que es seguido actualmente para el estudio de las ciencias sociales) que determina las condiciones trascendentales de toda interpretación, es decir que interpreta las actividades del hombre y por lo tanto valida las diferencias, estudia las particularidades, reconoce la complejidad, respeta la intuición y tolera la incertidumbre.

Siempre he sabido quién soy y qué quiero. En esa medida los caminos se han abierto para encontrarlo. A los 16 años no tuve la fuerza suficiente para negarme a la imposición de mis padres de estudiar medicina, pero a los 24 años, tuve la fuerza para imponer la psiquiatría como postgrado ( que solo me interesaba para acceder a la terapéutica psicodinámica) y posteriormente encontré la homeopatía y la visión transpersonal. Así, poco a poco, los caminos se fueron aclarando y me encontré en un mundo postmoderno donde respiro tranquilamente. Es maravilloso ,a mi edad, poder ligar los conocimientos y las incertidumbres de una manera consistente y armónica. Desde que uno sepa su camino todo confluye.

La historia, la antropología, el arte, el cine, la literatura, las reivindicaciones sociales, los sueños. Como en un inmenso rompecabezas, estructurado desde el principio de los tiempos. La mujer que soy hoy es la misma niña que le pedía a Dios ser valiente y jamás perderse de sí misma. Lo he conseguido.

Bueno, bueno.... volviendo a Marc Augé y su libro ¿Por qué vivir? Lo que más me interesó del texto fueron dos ideas. La primera, que una parte de la humanidad está luchando contra la pobreza, la guerra o la hambruna, otra parte rige su vida por la televisión, el gimnasio y el consumo (ritos urbanos contemporáneos) y los demás se ven enfrentados a la soledad y a una ausencia de sentido vital. Antiguamente eran los ritos inicialmente paganos y, posteriormente religiosos, los que ordenaban la vida de los individuos que además vivían en comunidades que los contenían y los organizaban. Tenían menos libertad pero no tenían conflictos existenciales. Los que vivimos hoy en las grandes ciudades y tenemos el privilegio de tener las necesidades básicas satisfechas podemos enfrentamos a la pregunta existencial..¿Por qué vivir?

La segunda idea que me gustó del texto de Augé, fué la respuesta . Él dice que el sentido de la vida está en la fraternidad, el pensamiento y el saber, respuesta que, por lo menos a mí, me llega como anillo al dedo.

En la época actual el rito debe ser una condición social “contra la soledad- el sinsentido de la ausencia-, no hay más, nada en absoluto, que esta conciencia reafirmada de que los demás existen y de que podemos intercambiar con ellos siquiera sonrisas, lágrimas o palabras para probarnos a nosotros mismos que existimos”.

La nueva cosmotecnología en la que vivimos nos permite fraternizar con extraños lejanos y cercanos en un mundo amenazado por la hambruna, el calentamiento global, la guerra,la distancia cada vez mayor entre ricos y pobres,las pandemias y la violencia cotidiana. Aparece el acting out social cuando se acaba la posibilidad de acceder al símbolo, a la negociación y al entendimiento. Muchos ( demasiados) no tienen ni un presente ni un futuro digno y pretendemos que haya paz. “En la era de la globalización, somos incapaces de responder a preguntas que nos apresuramos a calificar de ingenuas: ¿Para qué sirve el conocimiento? ¿Para qué sirve el poder?” si la “verdadera utopía es la de la educación, el empleo justo y bien remunerado, la seguridad para todos y la afirmación del yo en relación con los otros”.

Partiendo del anterior concepto de Augé y después de una charla de Alejandro Gaviria en el congreso de psiquiatría del año pasado ( si..!!!! increíble…un tema social práctico en un congreso de psiquiatría) me leí “Uribenomics” y “Del romanticismo al realismo social y otros ensayos” ( sí…!!! Increíble..yo leyendo algo de economía) y hubo un concepto que me gustó mucho, por parecerme extremadamente claro y práctico para todos nosotros, los que queremos hacer algo y no sabemos qué, con respecto a la situación del país.

Gaviria propone que ayudemos a los que podamos siendo justos en los sueldos que pagamos. Por ejemplo, no hagamos lo de los grandes industriales que explotan a sus trabajadores en las caucheras, o lo de las empresas que aprovechándose de la miseria explotan a los campesinos en los cultivos de flores o en las fábricas. A partir de la necesidad del pobre el rico se enriquece cada vez más. Esto es vergonzoso. Pero..lo más vergonzoso es que parece no darle vergüenza a nadie.

Los dueños de cultivos,de empresas, de fábricas, siguen asistiendo al club los fines de semana a jugar golf y a gastarse en cognac Henessy y en un almuerzo el sueldo miserable que dan a sus trabajadores mensualmente por 10 horas de trabajo. Y ni siquiera les importa. A nadie le importa la necesidad de la gente y la injusticia. Y todos seguimos tan contentos.

Fraternidad es ayudar en la medida de nuestras posibilidades. Es pagarle un sueldo digno y una bonificación justa a la niñera, al chofer, a la secretaria, a la señora del aseo, al muchacho que nos llevo los talegos hasta el carro en carulla, al señor que nos cuidó el carro en la calle. No podemos sentirnos orgullosos con los 300 pesos de propina que generosamente les regalamos.

Ellos viven de eso.. ud sabía? Si acaba de gastarse 500000 en un mercado…qué le cuesta darle 5000 pesos al muchacho que trabaja como empacador? …. Todos tenemos el mismo derecho a una vida digna y a no padecer de hambre….y TODOS tenemos que contribuir. No podemos salvarnos esperando que el gobierno lo haga. No podemos seguir impávidos en nuestra comodidad. Hay que tener conciencia social y desarrollarla en nuestros hijos. Es lo único que podemos hacer. Y debemos hacerlo.