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Putas y Hadas

 

                                                                                                                                                PUTAS Y HADAS

Tenemos que reunirnos mujeres. Las que hemos sido tachadas a través de la historia como brujas, putas , hechiceras, dragones y demonios . También somos diosas,hadas,elfas, heroinas y magas. El mundo es ancho y ajeno para todas. Llevamos tan poco tiempo con voz que aún no sabemos utilizarla, aún callamos, aún lloramos , agachadas en las cuevas ocultas de la soledad y del sinsentido. Ya no necesitamos ser propiedad privada ni del estado, ni del feudo, ni del esposo, no necesitamos ser esclavas, cástas y dóciles para no ser apedreadas. Tampoco estamos obligadas a ser solo madres, a ser solo esposas o quedarnos bordando con la vista fija en un horizonte sin salida. Somos fuertes, bellas, morenas, negras, blancas ,amarillas,mestizas,mulatas,violetas. No hay que temer. Ya no hay nada más que temer del mundo exterior. La esclavitud está en en nuestras cabezas, sellada por siglos y siglos de sometimiento y de vejación. Pero...tenemos que querernos,

 

entre nosotras mismas, apoyarnos, defendernos, solidarizarnos, abrazarnos. Ser leales, fieles, firmes y ardorosas en una perspectiva de género, para luchar por nosotras, por nuestra educación y por nuestros derechos, no para devaluar a los hombres, eso no sirve de nada, los hombres son bellos y buenos si así los queremos, si así los formamos, si así los acostumbramos. El problema no está en los hombres, mujeres. No está en ellos. El problema está es que nosotras seguimos peleando por un hombre, seguimos haciéndonos zancadillas en el camino, seguimos mirándonos con envidia, con celos, con rivalidad y con dolor.

 

Producto de madres que no pudieron ser lo suficientemente buenas para redimirnos por medio del amor y de la valoración. Producto de tradiciones culturales donde la mujer no era nada, no tenía derecho  nada, no valía nada. Producto de una historia sin derechos, sin derecho sobre nuestro cuerpo y nuestra sexualidad, sin derecho sobre la elección de pareja, sin derecho sobre el momento o la negación de procrear, sin derecho para trabajar con una remuneración adecuada y equitativa, sin derecho a estudiar, sin derecho a juzgar, sin derecho a entrar en las instancias que han hecho las leyes en el mundo, sin derecho a opinar .

 

Producto de una sociedad comandada por religiones punitivas y castradoras donde la mujer o era santa o era puta, donde la mujer podía ser apedreada o quemada , violada, torturada y asesinada. Producto de una sociedad que aún nos juzga, que aún nos mira, que nos fija, nos señala, nos quita su amor si estamos vivas, voltéa su cabeza hacia otro lado si nos permitimos opinar, tomar decisiones, dejar, optar. El mundo está vivo, seguramente no por mucho tiempo, pero aún está vivo para nosotras. Y podemos querer, y podemos exigir ser queridas y ser cuidadas, y ser amadas, con ternura, con pasión, con el abrazo que abraza, con el pecho de un hombre bueno solo para nosotras, con el hombro fuerte de un hombre donde recostar la cabeza cansada, con los ojos que nos miren y los oidos que nos escuchen. Podemos votar, regular nuestros embarazos, trabajar, formar parte de sindicatos, de asociaciones, de la política, del gobierno.

 

Pero debemos trabajar unidas, en lo particular pero también en lo general. Debemos asumir una postura de género fuerte y consistente para crear leyes que ordenen el derecho a la educación y al trabajo digno, leyes que promuevan, desde la raiz una educación integral a la mujer que nos sane de las heridas inflingidas por siglos de sometimiento sobre nosotras. Somos pocas las privilegiadas que tenemos acceso al mundo . Por eso debemos decidir, pelear, mejorar, transformar, actuar. Porque toda la fuerza con la que parimos, con la que amamos, con la que deseamos,con la que criamos, con la que trabajamos, lavamos, cocinamos y lloramos, es una fuerza infinita, grande, del color del verano,

con las hojas doradas del otoño, con las flores naranjas de la primavera, con los pinos de luces del invierno. Nuestra fuerza no está en luchar contra los hombres. Nuestra fuerza está en nosotras porque somos muchas, somos más, integramos, creamos, inventamos, y sobre todo amamos. Pero ..hay que amar con sentido. No cayendo en los laberintos difusos de la dependencia y de la incondicionalidad. El amor a un hombre debe estar condicionado. Condicionado al amor que cuida, que acompaña, que construye, que besa, que hace el amor, que desea, que ama.

 

El tiempo en el que teníamos que ser cortesanas o espías para poder ser, ya pasó. El tiempo en que no teníamos derecho a un sueldo, a una herencia, a divorciarnos, a tener una sexualidad gratificante y libre ya pasó. Ya pasó. Ya pasó. Pero.. es como si toda la historia de la humanidad frente a estos demasiados pocos años de derechos nos aplastara. No podemos permitir que pasen nuevamente los siglos de los siglos para levantar la cabeza, orgullosas, y conscientes de nuestro poder y de nuestra fuerza. Somos como el elefante que, nacido en cautiverio, amarrado a una astilla, ya jamás osa liberarse.

 

Permanece atado, esclavizado, a esa astilla, porque así creció, porque nunca se dió cuenta de su fuerza, de su poder infinito. Somos elefantes, grandes y hermosos seres, atados a una astilla , a una astilla que llevamos clavada en el subconsciente de los tiempos y de los lugares. Una astilla que se llama culpa. Porque nosotras mujeres, aún nosotras las que enfrentamos al mundo por la libertad, tenemos cada día que vencer el sentirnos culpables por ser libres. Cegadas , atadas, cercenadas, imbuidas en esas culpas y en esa ignorancia que se sigue perpetuando a través de tres factores: 1. madres que continuan sin valorar y liberar a las hijas del pasado, madres que no dan amistad, complicidad y ternura, madres que siguen con patrones de culpa y de dolor 2. Ausencia de políticas claras de educación a la mujer para que sea consciente de sus derechos y de su libertad a nivel global, a nivel legal 3. La desidia de todas nosotras, las que podemos hablar, las que podemos decidir, las que podemos educar, participar , luchar. Y no hacemos nada. Ni por nosotras ni por el género.

 

No podemos seguir así. O más bien si podemos. Pero... no debemos. Quién va a ser capaz de cambiar, aunque sea tildada de loca, de puta, de mala? Han sido millones de mujeres a lo largo de la historia. Y por esas mujeres ahora tenemos un mundo en el que podemos ser, en el que podemos movernos sin estar atadas a la astilla. Pero..... vamos a hacerlo?