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Para poder vivir para poder actuar

 

                                                                                                                       PARA PODER VIVIR, PARA PODER ACTUAR.

 

 

Confianza es poder reposar emocionalmente y con tranquilidad en el otro. Y eso no es fácil. Encontrar una persona, una en el mundo, que nos reciba y nos contenga amorosamente, es un regalo al que todos podemos acceder pero por el que muy pocos luchamos de verdad. Vivir en pareja, o en la amistad, o en el mundo, desde esa vivencia profunda que da el afecto requiere de un ingrediente esencial: la confianza.

 

Yo confío en un sitio cuando sé que me abriga y me protege. Cuando sé que bajo su amparo me puedo resguardar de la tormenta y del dolor en una noche de frío. Yo puedo confiar en una persona cuando tengo la vivencia de que esa persona no me hace sufrir, me valora y me ama. Y para eso, necesitamos estar pendientes, cada momento, cada día, de nuestras palabras y de nuestras acciones.

 

No basta el amor. No es suficiente el saber que me aman para estar tranquila y para confiar. Necesito, también, saber que ese amor está sustentado por el cuidado, el apoyo y la lealtad. Es en la seguridad y contento que me proporcionan los seres que habitan en mi mismo planeta, los que me conocen y los que me acompañan donde yo puedo sentirme amada de una manera adecuada.

 

Muchas veces confundimos la confianza con la honestidad. Pensamos que con decir las cosas como se nos vienen a la cabeza, o como las sentimos, es suficiente para sentirnos tranquilos en cuanto a nuestra “honestidad”. Yo no estoy de acuerdo con eso. Solamente debemos decir a nuestra pareja, a nuestros semejantes, aquello que no les haga daño, aquello que no les angustie, aquello que no les duela. Y eso no significa decir mentiras. Si le apostamos al amor, a la solidaridad, a los afectos, pues no tendremos necesidad de mentir en cuanto a los temas relevantes para el cuidado.

 

Contarle a nuestro esposo que hay un nuevo compañero en la oficina, que es increíblemente interesante y atractivo, puede causar angustia e inseguridad. Obviamente, si estamos pensando en instaurar una relación afectiva o sexual con esa persona, pues significa que algo está fallando en nuestra pareja, y que es tiempo de re evaluar la situación y buscar la causa. Pero, si es solamente una atracción, como la que cualquiera de nosotros podemos sentir en cualquier momento por cualquier persona, pues no vale la pena angustiar a nuestra pareja con el comentario. Antes de hablar, antes de actuar, yo aconsejo preguntarse si lo que vamos a decir o vamos a hacer, va a dañar, angustiar o alterar la tranquilidad y la autoestima del otro. Si la respuesta es afirmativa, pues mejor no lo digo.

 

Poder confiar en el mundo requiere poder confiar en nosotros mismos y en eso también es básico que ayudemos a la gente que nos rodea a tener una buena autoestima. ¿Y cómo se hace? Es muy fácil. Sólo se necesita mantener una actitud de refuerzo positivo y reconocimiento mutuo. Por eso la crítica debe ser muy cuidadosa. ¿Es realmente fundamental aquello que criticamos a nuestra pareja, a nuestros subalternos o a nuestros hijos? Es importante para la vida si el armario está desordenado, si el peinado no nos gusta, o si los jeans rotos no son de nuestro agrado?

 

Debemos aprender a fijarnos en lo fundamental: el amor, la honestidad, las demostraciones afectivas, la solidaridad y la ética. Es necesario que aprendamos a fijarnos más en lo bueno que en lo malo. El ser humano se estructura en la mirada del otro. Por eso, si queremos estructurar una pareja sólida, nuestra mirada debe ser cuidadosa, amorosa y positiva. Es imposible generar confianza, si no enseñamos a nuestra pareja por medio de la valoración y el afecto a confiar en si misma. Es imposible generar confianza si decimos cosas o realizamos acciones que produzcan dolor o inseguridad.

 

Habitar en el mundo actual, es difícil. Estamos inmersos en una sociedad que ya no nos contiene ni nos protege. Carecemos de grupos de apoyo a nivel comunitario y muchas veces nos sentimos solos y vulnerables. La época contemporanea con todos sus avances científicos y su tecnología no ha logrado darnos un mundo pacífico y cordial en el cual podamos reposar sin angustia. Por eso, es en el contexto de nuestra familia, de nuestra pareja, de nuestro trabajo, donde está la posibilidad de habitar un espacio confiable que nos acune y nos dé fuerza cada día para seguir adelante. Pero eso lo tenemos que trabajar con toda nuestra voluntad y nuestra entrega.

 

Es la primera vez en la historia de la humanidad que solo nos tenemos a nosotros mismos como proyecto histórico. El ser humano en el centro pero sabiendo que tiene que construir cada día un mundo mejor en el contacto cuidadoso y solidario con los otros. Ya la humanidad no cree en un orden cósmico como los estoicos, ni en un Dios que nos salva como los cristianos, ni en que la ciencia o el patriotismo o el nacionalismo o el comunismo o la tecnología sean la respuesta para el caos y el vacío existencial..... nos quedan dos opciones negar la trascendencia y volvernos una mierda de nihilistas que viven para comer , para la tecnología y para pagar las deudas o por lo menos intentar retomar un humanismo basado en la creencia del hombre como centro y como rector de la felicidad propia y de la ajena. Ya sabemos que hay un cosmos que nos contiene pero que somos nosotros, con nuestro libre albedrío y nuestra voluntad , los únicos que podemos actuar y crear y amar. Ya no es necesario tener una religión, un dogma, un partido, nada. Solo somos nosotros. Nada más.

 

Construir los cimientos sólidos de una relación de pareja, de una familia, de un mundo más habitable, es posiblemente el reto más importante de nuestras vidas. El poder luchar por la construcción de una pareja adecuada, de una familia feliz, de mejores seres humanos a pesar de nuestras debilidades, de nuestros defectos de carácter, de nuestra historia y de nuestras circunstancias, es algo que todos deberíamos hacer. Y la lucha, aunque suene elemental, no está únicamente en conseguir lo del arriendo o lo de la cuota del carro. Aún sobre nuestras dificultades económicas, lo fundamental está en poder amar adecuadamente a nuestra pareja, a nuestros hijos, a nuestro mundo.

 

Y, repito, no basta el amor. Para colaborar en la construcción de un mundo donde todos podamos confiar, debemos esforzarnos por dar un amor adecuado y sanador. Un amor que nos construya, que nos fortalezca, que nos haga un poquito más felices, que nos soporte con ternura, que nos acompañe con paciencia, que nos mire benignamente, que se fije más en nuestra capacidad de lucha que en nuestro logros, que valore más la capacidad de dar que la competencia, un amor que nos cobije, un amor que nos ame, un amor que sea amor.

 

Para poder confiar debemos sentirnos aceptados, valorados y amados desde la práctica y no desde la teoría. Esa es la única respuesta.